La crisis de desapariciones en México y la ciencia forense ambiental
El enfoque científico arraigado en el mundo natural
La premisa básica es contundente: una fosa clandestina cambia su entorno. El nitrógeno liberado durante la descomposición puede alterar la química del suelo; ciertos insectos llegan en una sucesión predecible; algunas plantas florecen mientras que otras mueren; incluso la superficie del suelo puede enfriarse o calentarse de manera anómala detectable a través de imágenes térmicas.
“Cada fosa corresponde a un patrón. Buscamos patrones naturales para encontrar la fosa, y luego patrones forenses para confirmar la identidad”, explicó Chávez.
Nuevas respuestas en medio de discusiones públicas
Para probar estas ideas, la comisión de Jalisco construyó dos campos de investigación controlados, cada uno con 16 fosas simuladas utilizando cerdos de 65 kilogramos, el estándar global de proxy biológico para la descomposición humana. Durante meses y años, los investigadores documentaron cómo difería la vegetación sobre los restos enterrados, cómo se desarrollaban las colonias de insectos, cómo variaban los niveles de nitrógeno en el suelo, y cómo se veía todo esto a través de cámaras multiespectrales y térmicas.
- Los hallazgos ayudan a refinar modelos probabilísticos: mapas que destacan áreas donde es estadísticamente más probable encontrar fosas clandestinas basándose en señales ambientales.
El conocimiento popular se transforma en método científico
Dos días después de la presentación en la Corte Suprema, la investigación regresó a sus raíces en Guadalajara. Allí, en una discusión pública en la Feria Internacional del Libro (FIL), la presentación del libro tuvo lugar ante un público que incluía académicos, analistas geoespaciales, científicos forenses y familias de desaparecidos.
El escenario de la crisis es tan profundo que a menudo son las familias, no los esfuerzos de búsqueda sistemáticos, los que descubren los cuerpos. Víctor Hugo Ávila Barrientos, jefe de la Comisión Estatal de Búsqueda de Jalisco, abrió con un reconocimiento que resonó en la sala.
“Esta primera edición se basa precisamente en el conocimiento de las madres buscadoras, y lo que hicimos fue proporcionar respaldo científico y técnico al conocimiento ya comprobado en el terreno”, dijo Barrientos.
Una crisis que sigue creciendo
El registro oficial de México incluye más de 115,000 personas reportadas como desaparecidas, una cifra ampliamente entendida como subestimada. Jalisco solo tiene más de 15,000, una de las cifras más altas en la nación.
- La escala de la crisis es tan profunda que algunos estados han abandonado en gran medida las búsquedas sistemáticas. Otros dependen en gran medida de las familias para liderar el camino.
Un paradigma en evolución en la búsqueda de los desaparecidos de México
La idea de que los ecosistemas pueden contener pistas forenses no es nueva, pero aplicarla de manera sistemática, a gran escala, dentro de una comisión gubernamental de búsqueda es innovador.
En un país donde miles de fosas clandestinas siguen sin descubrirse y donde las familias continúan buscando en lavados desérticos, bosques, campos y bordes de la ciudad, la integración de la biología, geología, entomología, análisis satelital y conocimiento popular del terreno representa un nuevo camino a seguir.
No es un reemplazo para la investigación tradicional, no un sustituto de la justicia, sino una herramienta, arraigada en la ciencia y moldeada por las personas que más la necesitan.
Conclusión:
La ciencia forense ambiental está ayudando a transformar la búsqueda de personas desaparecidas en México, ofreciendo nuevas herramientas y enfoques para abordar la crisis en evolución.
Principales puntos a destacar:
- La naturaleza misma se convierte en un mapa de los patrones de entierro clandestino.
- El conocimiento popular se está transformando en métodos científicos para la búsqueda de desaparecidos.
- La integración de la ciencia forense ambiental en las investigaciones gubernamentales ofrece nuevas esperanzas de encontrar respuestas.

